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	<title>Otros textos | Sergio Blardony</title>
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	<description>Compositor experimental, creador y productor de proyectos artísticos</description>
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		<title>SIGMA PROJECT: Conductividad pro arte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[sergioBlardonyadm]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Oct 2008 23:00:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Texto dedicado al cuarteto de saxofones SIGMA Project Entre otras acepciones, concretamente en el campo de la electricidad, &#8220;Sigma&#8221; se identifica con la capacidad de un cuerpo para permitir el [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Texto dedicado al cuarteto de saxofones SIGMA Project</p>
<hr />
<p>Entre otras acepciones, concretamente en el campo de la electricidad, &ldquo;Sigma&rdquo; se identifica con la capacidad de un cuerpo para permitir el paso de la corriente el&eacute;ctrica a trav&eacute;s de s&iacute; misma. Esta definici&oacute;n, en principio muy alejada del contexto art&iacute;stico, puede servir para sugerir una relaci&oacute;n sem&aacute;ntica que tiene cierta afinidad con mi experiencia con este proyecto musical. Y digo <em>proyecto</em> (y lo hago al margen de lo obvio de la presencia del t&eacute;rmino en el propio nombre de la formaci&oacute;n) y no <em>grupo </em>o <em>ensemble</em> porque es precisamente c&oacute;mo se proyecta, c&oacute;mo se hace realidad esta &ldquo;conductividad&rdquo; lo que pienso que constituye su esencia. Dir&iacute;a mejor &ndash;dando ya un valor concreto- &ldquo;alta conductividad&rdquo; en su planteamiento de compromiso con la creaci&oacute;n contempor&aacute;nea; en el flujo preciso de su sonido, un sonido que creo ya consigue ser propio y que nace de la investigaci&oacute;n sobre su naturaleza; tambi&eacute;n en lo que de interdisciplinar pretende como proyecto; y en el cuidado que sus miembros ponen &ndash;a trav&eacute;s de su manera de enfocar la interpretaci&oacute;n- en dejar claro que las cosas se hacen desde el movimiento, desde la profundizaci&oacute;n en el hecho sonoro, desde una pasi&oacute;n por la m&uacute;sica que debe surgir sin ambages, a partir del convencimiento firme de que el punto de partida es lo est&eacute;tico y no el simple hecho de &ldquo;tocar&rdquo; correctamente lo escrito en una partitura.</p>
<p>Mi experiencia con Sigma Project, concretada a trav&eacute;s de la obra para ensemble de saxofones y percusi&oacute;n <em>Il suono del sonno</em> (estrenada en el MNCARS, 27-11-2008, con la excelente direcci&oacute;n de Nacho de Paz) es la del compositor que constata que lo que ha escrito sobre el papel se ha plasmado en <em>ser</em> de forma cierta. Y no siempre, ni mucho menos, ocurre as&iacute;. No quiero decir que la imaginaci&oacute;n sonora del autor se vea satisfecha por una realidad preconcebida durante o despu&eacute;s del proceso compositivo (eso no existe, y considero una estupidez decir cosas como que la obra &ldquo;ha sonado exactamente como lo imaginaba&rdquo;); ni mucho menos que deje de existir una dosis importante de calculada especulaci&oacute;n en el acto creativo, en la que el int&eacute;rprete va siempre a aportar soluciones espec&iacute;ficas o globales. Lo que creo que diferencia un concepto de interpretaci&oacute;n como el que plantea Sigma de otros, es en que en su propuesta la obra musical se trata como un mundo abierto, cuya condici&oacute;n de territorio a explorar produce resultados que van a llevar a una propuesta art&iacute;stica, concreta y propia (que desde ese momento, por derecho propio, ya le pertenece). Esta manera de abordar la partitura &ndash;aunque quiz&aacute; alguien pueda pensar lo contrario- denota el m&aacute;s alto grado de respeto hacia la obra. Y es en este escenario donde el autor puede ver satisfecha su demanda de oralidad. En el arte de nada sirve (ni tan siquiera existe) una visi&oacute;n un&iacute;voca ni convergente. El compositor necesita <em>escucharse</em>, por medio de la obra, como si &eacute;sta ya fuera un objeto ajeno y alejado de todo planteamiento precomposicional, procedimiento o realizaci&oacute;n. Y en el caso del <em>Il suono del sonno</em> puedo decir que tuve la sobrecogedora impresi&oacute;n de escuchar el eco de mis sue&ntilde;os convertidos en m&uacute;sica&#8230;</p>
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		<title>El poder de la orquesta</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Dec 2004 23:00:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El nido del escorpión, n. 29, enero 2005 NULL]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El nido del escorpión, n. 29, enero 2005</p>
<hr />
<p>NULL</p>
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		<title>Hacia la suspensión de la intriga</title>
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		<dc:creator><![CDATA[sergioBlardonyadm]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Mar 2002 23:00:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Pilar Martín Gila y Sergio Blardony. Revista El Crítico, n. 11, marzo de 2002 [Art&#237;culo publicado posteriormente en la revista Sul Ponticello, n.&#160;5, octubre 2003] La transitividad entre el objeto [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Pilar Martín Gila y Sergio Blardony. Revista El Crítico, n. 11, marzo de 2002</p>
<hr />
<p>[Art&iacute;culo publicado posteriormente en la revista <a target="_blank" href="http://www.sulponticello.com/H001ASSP/secciones.asp?REVsecc_ID=23&amp;REVnum_ID=7" title="Ver el art&iacute;culo en Sul Ponticello" rel="nofollow noopener">Sul Ponticello, n.&nbsp;5, octubre 2003</a>]</p>
<p>La transitividad entre el objeto y su expresi&oacute;n, la perfecta correspondencia entre las formas convencionales y sus referentes, ha dado, durante muchos a&ntilde;os, a las llamadas artes temporales, el marco adecuado donde presentar, sin fisuras, una visi&oacute;n objetiva del mundo. S&oacute;lo en estas condiciones de objetividad, la intriga (como entramado fundamental de lo que se cuenta, o como serie de obst&aacute;culos que han de ser superados) puede alcanzar su desenlace y llegar, con sentido, a un &uacute;nico fin.</p>
<p>Se puede entender la evoluci&oacute;n tanto de la narrativa como de la m&uacute;sica occidental como un proceso en el que se va abriendo paso la subjetividad frente a la objetividad formal, impuesta por el uso de la convenci&oacute;n. La m&uacute;sica alcanza el punto cumbre de esta objetividad en el periodo cl&aacute;sico, con el desarrollo y afianzamiento de la forma sonata. El equilibrio formal, producto de una sistematizaci&oacute;n completa de la armon&iacute;a (ya fuertemente asentada en el primer cuarto del s. XVII, con Rameau) y la capacidad unificadora respecto de lo que antes fueron n&uacute;cleos dispersos (la suite, la fuga, el canon, etc.) confieren a la sonata la casi plena hegemon&iacute;a musical. As&iacute;, la obra se desenvuelve en un proceso un&iacute;voco, en el que un centro tonal vigila todo, y permite el alejamiento de los tonos (modulaci&oacute;n), para despu&eacute;s provocar su vuelta al «redil», un alejamiento hacia regiones derivadas del tono central (dominante, subdominante), parte misma de su constituci&oacute;n ac&uacute;stica. Esta oscilaci&oacute;n, entre el alejamiento y el retorno al punto inicial, produce tensi&oacute;n, abre las acciones a la intriga, y va anunciando c&oacute;mo, cu&aacute;ndo o d&oacute;nde se cerrar&aacute; el c&iacute;rculo.</p>
<p>Es el romanticismo -empujado por el hurac&aacute;n beethoveniano- el que rompe esta forma un&iacute;voca y convencional, permitiendo que se oiga la voz subjetiva del creador. Sin embargo, no logra erradicar la convenci&oacute;n, es m&aacute;s, la necesita, se sirve de ella para cobrar sentido. Construye en las grietas del sistema, y las agranda hasta que por ellas se escapan los restos de lo que fue la «forma perfecta». As&iacute;, el periodo rom&aacute;ntico eleva el tono de la intriga, la extiende y la hace m&aacute;s cre&iacute;ble e intrincada, pero en &uacute;ltima instancia, resuelve el misterio y, por tanto, sigue dando al arte un sentido afirmativo.</p>
<p>En la s&oacute;lida construcci&oacute;n de la narrativa realista decimon&oacute;nica, la correspondencia entre la expresi&oacute;n y lo expresado queda patente por la presencia de signos de verdad, y el continuo uso de significantes asertivos, que informan de la trama argumental. Esta relaci&oacute;n empieza a resquebrajarse con la escritura naturalista. Zola, en su uso del estilo indirecto libre, desde el que muestra una continua oscilaci&oacute;n entre narrador y personaje, pisa el umbral de la modernidad. Y es aqu&iacute; donde entra en juego el deseo del autor.</p>
<p>Pero hay que llegar m&aacute;s lejos. Hasta aqu&iacute;, tanto la m&uacute;sica como la literatura siguen resolviendo el proceso de la intriga en favor de una objetividad aun necesaria. Val&egrave;ry se&ntilde;alaba «un texto no est&aacute; hecho de lo que uno quiere decir, sino de lo que es capaz de oponer a las ganas de decir algo». Gustav Mahler, por un lado, y Henry James, por otro, ambos desde su personal construcci&oacute;n, dieron el paso definitivo hacia la modernidad. Th. Adorno escribi&oacute; que «lo que define el cosmos de Mahler es la relaci&oacute;n entre idioma (objetividad) y las desviaciones del idioma (sujeto compositor)». El compositor austriaco, aun manteni&eacute;ndose dentro del sistema, logra sacar su yo musical, que cuestiona la propia forma. Por su parte, Henry James presenta una realidad inestable, afectada por los fantasmas y deseos de sus personajes, que problematizan el acto mismo de la lectura y obligan al receptor a buscar su propio lugar activo.</p>
<p>En su 4&ordf; Sinfon&iacute;a, Mahler presenta un programa, la promesa del para&iacute;so, que continuamente se ve puesto en duda por el punto de vista del autor. La ambig&uuml;edad de la instrumentaci&oacute;n (timbres violentados sobre un contexto aparentemente despreocupado y gozoso), la brusquedad, el equ&iacute;voco y lo contradictorio del discurso, provocan en el oyente un continuo oscilar entre realidad y ficci&oacute;n. Al final de la obra, el objetivo es alcanzado (asentamiento inequ&iacute;voco de la tonalidad inicial). Sin embargo, &iquest;no es el para&iacute;so una ilusi&oacute;n, producto de las sucesivas contradicciones, las dudas, y el autoenga&ntilde;o final del autor? El oyente, en esta obra, se embarca en una gran aventura, guiado por el propio Mahler, que lo acaricia, le promete, lo desconcierta, y finalmente le concede (o se concede) un para&iacute;so, pero ya transgredido.</p>
<p>Henry James, en <em>Otra vuelta de tuerca</em>, juega tambi&eacute;n en un mundo lleno de voces, donde el devenir de la intriga no alcanza a resolverse. El autor presenta la historia desde las distintas subjetividades de los narradores que forman el marco inicial de la acci&oacute;n. Cada lector ha de encontrar un camino en el laberinto donde finalmente se pierde la joven institutriz, protagonista del relato. Es el trastorno de un alma, la aparici&oacute;n de los deseos que la mueven, y la imperiosa necesidad de no ser ella la &uacute;nica que ve. Pero el fantasma es propio de cada uno. &iquest;Qui&eacute;n puede decantarse, entonces, por una segura presencia de la verdad?</p>
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