08 TEXTOS

SIGMA PROJECT: Conductividad pro arte

Texto dedicado al cuarteto de saxofones SIGMA Project
01/11/2008

Entre otras acepciones, concretamente en el campo de la electricidad, “Sigma” se identifica con la capacidad de un cuerpo para permitir el paso de la corriente eléctrica a través de sí misma. Esta definición, en principio muy alejada del contexto artístico, puede servir para sugerir una relación semántica que tiene cierta afinidad con mi experiencia con este proyecto musical. Y digo proyecto (y lo hago al margen de lo obvio de la presencia del término en el propio nombre de la formación) y no grupo o ensemble porque es precisamente cómo se proyecta, cómo se hace realidad esta “conductividad” lo que pienso que constituye su esencia. Diría mejor –dando ya un valor concreto- “alta conductividad” en su planteamiento de compromiso con la creación contemporánea; en el flujo preciso de su sonido, un sonido que creo ya consigue ser propio y que nace de la investigación sobre su naturaleza; también en lo que de interdisciplinar pretende como proyecto; y en el cuidado que sus miembros ponen –a través de su manera de enfocar la interpretación- en dejar claro que las cosas se hacen desde el movimiento, desde la profundización en el hecho sonoro, desde una pasión por la música que debe surgir sin ambages, a partir del convencimiento firme de que el punto de partida es lo estético y no el simple hecho de “tocar” correctamente lo escrito en una partitura.

Mi experiencia con Sigma Project, concretada a través de la obra para ensemble de saxofones y percusión Il suono del sonno (estrenada en el MNCARS, 27-11-2008, con la excelente dirección de Nacho de Paz) es la del compositor que constata que lo que ha escrito sobre el papel se ha plasmado en ser de forma cierta. Y no siempre, ni mucho menos, ocurre así. No quiero decir que la imaginación sonora del autor se vea satisfecha por una realidad preconcebida durante o después del proceso compositivo (eso no existe, y considero una estupidez decir cosas como que la obra “ha sonado exactamente como lo imaginaba”); ni mucho menos que deje de existir una dosis importante de calculada especulación en el acto creativo, en la que el intérprete va siempre a aportar soluciones específicas o globales. Lo que creo que diferencia un concepto de interpretación como el que plantea Sigma de otros, es en que en su propuesta la obra musical se trata como un mundo abierto, cuya condición de territorio a explorar produce resultados que van a llevar a una propuesta artística, concreta y propia (que desde ese momento, por derecho propio, ya le pertenece). Esta manera de abordar la partitura –aunque quizá alguien pueda pensar lo contrario- denota el más alto grado de respeto hacia la obra. Y es en este escenario donde el autor puede ver satisfecha su demanda de oralidad. En el arte de nada sirve (ni tan siquiera existe) una visión unívoca ni convergente. El compositor necesita escucharse, por medio de la obra, como si ésta ya fuera un objeto ajeno y alejado de todo planteamiento precomposicional, procedimiento o realización. Y en el caso del Il suono del sonno puedo decir que tuve la sobrecogedora impresión de escuchar el eco de mis sueños convertidos en música...