02 CATÁLOGO

Por Materia

Ensemble (5 a 12 instrumentos)

Silencio de la hidra, turba de espejos (2009 - 2010)

Ensemble (6 instrumentos).



Plantilla: 1[muta G fl].1[ob. d'amore/c.ing, fuera de escena].1[muta cl.b].0 | 0.0.0.0 | piano | 1.0.0.1.0
Fecha: 2009-2010
Duración: 13'
Estreno: Festival Internacional de Música Contemporánea de Madrid COMA'12. 30/9/2012.
Sebastián Mariné (dir.), RUBIK Ensemble.
Partitura: PDF (edición del autor).
Comentario: La sugerencia conceptual que impulsa la obra es el agua y, aunque pueda parecer lo contrario (por la gran cantidad de literatura musical que se ha ocupado de este elemento), no resulta tarea sencilla plantear una composición musical que tome este elemento como punto de partida. El lógico exceso de referentes hace difícil ver los límites conceptuales en los que la obra artística debe moverse. Al igual que ocurre con el elemento en cuestión, las ideas fluyen, se retuercen a través de mil canales y, finalmente, caen inermes y confundidas en un todo informe, simbólico o metafórico. La Hidra de Lerna se hace fuerte e impide a Heracles cumplir con su segundo trabajo
Por esta razón he huido de la planificación estructurada, del logro formal proveniente de una simbolización sonora del agua. Por el contrario, la obra se debate en un estado fragmentario de ideas, de ires y venires de imágenes visuales, sonoras, sugerencias conceptuales, poéticas, en ocasiones alusivas al mito… Si se busca la metáfora del agua se podría hablar de que es precisamente este fluir lo que identifica el mundo sonoro que propongo con el tema que lo acoge.
Sin embargo, una imagen comparativa de Hegel –en lo espiritual, el signo lingüístico que cataliza la creación de conceptos; en su símil material, el agua como catalizadora de la reacción química- me sugirió un argumento eficaz para otorgar coherencia estructural y un cimiento sólido y cohesionador a la obra: se trataba pues de encontrar un catalizador sonoro que ayudase a conformar el discurso a partir de esas unidades –visiones sonoras- fragmentadas. Mis últimas obras giran en torno a una idea que, poco a poco, va haciéndose más consistente como propuesta (entiéndase ésta como “personal e intransferible”, no como método o sistema  compositivo). El uso consciente de elementos que podrían entenderse y presentarse como tradicionales (el caso más claro es el de la exposición de una línea melódica con todas las implicaciones de referencia a la tradición que ésta conlleva) que –a través de un proceso acumulativo y de una provocativa casi ausencia de desarrollo- desemboque en la pérdida de su sentido inicial, en su emborronamiento, en su negación, en la plasmación de su opuesto… Una difuminación de este tipo era idónea para Silencio de la hidra, turba de espejos, no sólo por la interpretación más o menos obvia de la disolución del elemento musical utilizado en su propia materia y su consiguiente asociación conceptual al agua, sino como metáfora del signo que construye el lenguaje y el discurso, en este caso un discurso producto del fluir acumulativo de una idea única. Se trataba pues de una elaboración en dos planos: un elemento musical que se autodestruye por exceso para construir la forma, y –al mismo tiempo- un cúmulo de visiones sonoras (provenientes de un estrato extra musical) que se superponen y “utilizan” igualmente ese elemento único como medium para hacerse visibles. Una visibilidad que, desde luego, pretendo sea muy lejana a lo descriptivo o a la representación retórica fácil.
El título quiere ser una alusión poética a esa puesta en cuestión de la evidencia formal, que se lleva a cabo mediante los procesos dialécticos descritos antes, donde las visiones sonoras (en muchos casos luminosas como miles de espejos) se filtran en la tierra permaneciendo entonces en un sustrato oculto, solapadas por la proliferación del elemento único, que –a su vez- también camina pausadamente hacia el silencio, un silencio que se convierte en muerte sonora...