02 CATÁLOGO

Por Materia

Electroacústica/multimedia

La desolación está al fondo (2018 - 2019)

Para 2 guitarras y 1/2 altavoz/es portátil/es



Plantilla: guit.1 | guit.2 | electrónica (1/2 altavoz/es portátil/es)
Fecha: 2019
Duración: 9'
Encargo: Dúo Arcadia.
Estreno: Por determinar (temporada 2019-2020).
Partitura: Babel Scores
ISMN: 979-0-2325-3545-6
Comentario: La génesis de la obra es peculiar. Primero, imaginé una textura grisácea que iba y venía. Escribí un boceto. Y enseguida pensé en cómo esta textura, todavía informe desde un punto de vista musical, me evocaba algunas propuestas del artista alemán Anselm Kiefer. En concreto, dos aspectos: el ya nombrado, la cualidad de la textura –la importancia de la materia, la vida que comporta-, y esa profundidad desesperanzada de muchos de sus “paisajes”. Una idea de muerte que, por atractiva, llama a lo vital. Ese espacio que se produce entre la negrura de la desesperanza –un vaivén de lo moribundo- y la luz tenue pero recortada (una bombilla, un reflejo en el óxido), que no se sabe si nos llega como un soplo de esperanza o simplemente como resto de vida. Ambos aspectos me parecían componer lo que podría ser un “marco de situación” –un espacio de conexión con otros sentidos, más allá de lo sonoro- en el que situarme en el proceso de composición de la obra.

Concretamente, me impresionaron algunas instalaciones de una exposición en el White Cube de Londres. Una de ellas se describía así: “Una habitación larga y estrecha revestida con plomo oxidado, filas de camas de acero plegables con sábanas y cubiertas de plomo arrugadas de color gris oscuro. En el otro extremo de la habitación, al fondo, una fotografía en blanco y negro montada sobre plomo mostraba una figura solitaria que se alejaba en un paisaje sombrío e invernal. Toda la instalación era oscura, sombría y escasamente iluminada por una serie de bombillas desnudas, sugiriendo una estancia militar donde duerme la tropa o un hospital en el campo de batalla.” Curiosamente, una instalación parecida en La Ribotte, Las mujeres de la Revolución presenta una especie variación de la obra antes descrita, pero con las camas algo más ordenadas y una luz diurna que se impone sobre las bombillas (la entrada a la estancia es un agujero en el muro que sugiere el efecto de un bombardeo). La sensación puede ser menos agobiante pero la evocación de la desolación se mantiene intacta. La potencia de la imagen, de su construcción, el drama escenografiado, nos lleva al mismo lugar: a un espacio trágico muy nuestro, a los dramas de nuestro pasado más inmediato. En algún lugar leí que Kiefer, a través de su obra (y también los títulos que pone a sus creaciones), reconocía la posibilidad de la poesía entre la devastación (algo que, indefectiblemente, nos lleva a pensar en la tantas veces malinterpretada frase de Th. W. Adorno ).

A partir de todas estas ideas compuse esta pieza para dos guitarras donde parecería que no ocurre nada porque sólo quedan los restos del desastre. De éstos es de donde emana lo poético, como una delgada línea de sonido de una sencillez que abruma al confrontarla con el tiempo, con lo ya pasado, lo ya escuchado. Una línea que quiere ser representación comprimida del desastre a la vez que se constituye en comienzo de otra cosa, algo que creo intuir en estas palabras de Kiefer:

"Las ruinas no son un final, sino un comienzo. Es hermoso ver una torre de la cual se ha eliminado la piedra angular, qué refleja si quiere caer, cómo vacila; entonces todo va muy rápido y con gran estruendo hasta el suelo."